viernes 8 de abril de 2011

Cuentos sin hadas

Ya han pasado tres lustros, en ellos la luna ha dado tantas vueltas como mi cabeza o mi vida. He cambiado de pasajes, de piel, de amores. Y aun recuerdo como si fuera ayer el día que las vi por primera vez, que me deslumbre con la belleza de sus caras de niña. Y recuerdo también que desee en el fondo de mi corazón que pudiéramos ser amigas, que pudieran llegar a aceptarme como soy con mis locuras a los veintes, recuerdo que esa frase la tenía tatuada en la lengua. En un principio todo fue como lo soñaba, risas, complicidades, amistad, yo seguía embelesada, por eso no espere esas puñaladas a mi alma, a mi cuerpo, a mi vida. Ustedes no solo se alejaron, sino que hicieron de mí su burla particular, me lastimaban con sus palabras. Pero a pesar de todo yo me defendía en mi interior pensando creyendo, que no importaba, porque yo era muy inteligente, esperaba como en los cuentos rosas que llegara mi hada madrina a rescatarme de las hermanastras, y que se cumplieran todos mis sueños infantiles. Eso no paso, me canse de las burlas los desprecios, y me aleje como el perro con la cola entre las patas, creo que nunca he podido cambiar de posición he seguido siendo el perro de la cola entre las patas, mientras ustedes con su corte de princesas de cuento se han convertido en reinas, han conocido a sus príncipes, que las han hecho merecedoras de los placeres de palacio. Ahora esos tiempos perdidos en los lustros de la noche y la memoria ya no existen, sus vestiduras descansan blanquísimas e incorruptas. Los pecados cometidos ni siquiera les han sido tomados en cuenta. Y yo he dado una nueva vuelta de tuerca a mi vida.
Podría pensar en esta noche de incipiente luna que la vida ha sido injusta por no darme la revancha, por dejarme en la misma situación que antes, pero la verdad es que no. Que hoy en esta noche de aromática primavera me doy cuenta que puede que yo no me haya coronado reina del juego de ajedrez, pero no me creo tampoco un perro con la cola entre las patas, soy solo el caballo que escapo en busca de otro juego, uno en el que no haya necesidad de lastimar al oponente, en el que ser princesa o reina no sea lo mas importante, y aunque mi hada sigue perdida en el tiempo. Hoy me permito resinificar mi pasado, y quedarme con la imagen primera de embeleso, perdonando las traiciones secundarias.
Porque mucha de las catástrofes del mundo ocurren por ese resentimiento, esas ansias locas de revancha. En ese afán de que el mundo nos pague, nos defendemos o creemos que nos defendemos y terminamos dañando más al otro a nuestro lado y no nos permitimos disfrutar de la belleza del momento. Yo me quedo con las diminutas partículas del polvo dorado de esos años, el principio de la historia, el anhelo del aprecio.
Pero esto lo puedo ver hoy a la luz de las luciérnagas en la noche de mi vida, tras las perdidas, tras lamerme las heridas. Puede que aun no sepa como levantarme o como volverme la luciérnaga de mi destino, pero en lo que encuentro ese sustento, esa fuerza, ese amor, y ese aliento, hoy me libero un poco del peso de tres lustros, del sentimiento a hacia esa personas que de alguna manera brillaron y brillan ante mi, y a las que puedo admirar por ser luciérnagas en otras vidas y otros destinos, porque si era un karma espero este resuelto. Y que la cuenta este en ceros. Para que mañana si nos toca compartir de nuevo un tablero, el caballo no salga como perro y tenga que correr de nuevo a otros campos.